lunes, 9 de diciembre de 2019

COHESIÓN SOCIAL EN EL MUNDO LOCAL



A continuación os dejo el artículo que he publicado en el número 128 de la revista LETRA INTERNACIONAL, editada por la Fundación Pablo Iglesias en el que reflexiono sobre los retos de las grandes ciudades de cara a este siglo XXI. 

Agradecer la oportunidad a Beatriz Corredor, José Manuel Gómez Bravo y al Consejo de Redacción. 


COHESIÓN SOCIAL EN EL MUNDO LOCAL. LOS RETOS DE LAS GRANDES CIUDADES EN EL SIGLO XXI. 

El Partido Socialista Obrero Español ha escrito las mejores páginas en la historia de España, de su pasado y su presente, y seguirá 140 años después de su fundación, poniendo en marcha iniciativas que serán imprescindibles para entender cada momento de los que nos toque vivir. El PSOE es sinónimo de democracia, tolerancia, respeto, legalidad, constitucionalismo, estado social y de derecho, de libertad. Y todas éstas lo son de municipalismo. 

En esa lectura nos encontramos con miles de hombres y mujeres que, sirviéndose de un acervo forjado desde la responsabilidad y las más profundas convicciones democráticas, trabajaron desde cada ciudad y pueblo, desde cualquiera de los más de ocho mil municipios de este país para mejorar la vida de todos y todas. Porque la ciudad, sea cual sea su tamaño, es el mejor escenario donde trabajar por una convivencia global, independientemente del credo, origen y opinión.

Pero el territorio local también puede ser el decorado donde afloren las desigualdades; diferencias que pueden separarnos, generando espacios de difícil convivencia. Y es que es en los municipios donde pueden surgir situaciones que dificulten el gran acuerdo cívico que necesita cualquiera de nuestras ciudades y pueblos para progresar en plenitud de condiciones.

La construcción de las ciudades a raíz de las primeras elecciones democráticas de 1979 (las anteriores celebradas con libertad fueron en 1931) supuso muchos puntos de inflexión para los territorios. La parálisis endémica y premeditada del franquismo, con su insolidario centralismo, obligó a los primeros alcaldes, alcaldesas[1], concejales y concejalas[2] a tomar decisiones de gran calado dando color al blanco y negro que reinaba hasta esa fecha. Inseguridad ciudadana, barrios sin urbanizar, ausencia de equipamientos públicos, sin transporte colectivo y sin políticas sociales (tampoco cohesión social) eran una herencia insostenible que había que mutar urgentemente aprovechando la evidente ansia de cambio de las españoles y españoles. 


En 1981 los municipios españoles de más de 50.000 habitantes sumaban el 51,3% del total del país. En 2018 fueron 145 los municipios españoles con más de 50.000 habitantes, siendo las de más de 100.000 habitantes las ciudades que más crecieron en el último tercio del siglo XX, multiplicando por 15 su población y teniendo un 23,1% de peso relativo en el conjunto de España.

Un fenómeno muy recurrente a partir de 1960 fue el de la generación de nuevas tramas urbanas, conurbaciones y agrupaciones metropolitanas que en la práctica representaban continuos urbanos supramunicipales fruto de la mala planificación urbanística, especialmente desde 1970. Son procesos muy complejos de redistribución poblacional, de éxodos masivos de las zonas rurales los que provocan un aluvión de llegadas a unas ciudades que crecían sin límite, sin planificación y sin servicios. La transformación de estas ciudades de acogida no es solo poblacional, sino relacional, en un momento donde la crisis económica heredera de la autarquía de un régimen en declive no garantiza la supervivencia de buena parte de la población que emigra, sin más, buscando el sustento de los suyos. También el territorio sufre una radical transformación del medio natural que empieza a ver mermado su extensión y función.

Las corporaciones locales no tuvieron más remedio que remangarse y ponerse manos a la obra. Construir nuevos equipamientos públicos, sobre todo colegios y centros de salud; urbanizar calles y plazas para dar dignidad a los barrios cambiando barro por aceras y carreteras, y dotar de identificación propia a la ciudad para que vecinos y vecinas se sintieran próximos al territorio, crear arraigo en su nuevo municipio. Y una gran ingeniería social para generar espacios culturales, participativos, asociativos y de conocimiento suficientes como para revertir una situación que, inexorablemente, convertiría a buena parte de la población, sobre todo los más jóvenes, en generaciones perdidas. La experiencia española, sobre todo la del sur de Barcelona o el sur de Madrid, generaron flujos de gran calado social y político, poniendo el acento en la integración y en el mestizaje, sobre todo a partir del año 2000, cuando la inmigración sustituyó a la emigración en las oleadas poblacionales de buena parte del entramado urbano español.

 “Los prejuicios son enemigos de la inteligencia”, aseguró Josefina Aldecoa en la presentación del Instituto de Cultura del Sur, una fundación-observatorio de movimientos culturales y sociales constituida por los ayuntamientos de Fuenlabrada, Getafe, Leganés, Móstoles y Parla y la asociación cultural Club Enlace en el año 2002 y que ayudó, mucho, a trasladar una imagen distinta de la zona sur de Madrid, de unos municipios que hicieron los deberes y que sirvieron de ejemplo a buena parte de municipios españoles y europeos al hacer público su modelo de crecimiento social y cultural desde 1979.

Son otros los tiempos actuales, con otros problemas y otros retos que encarar desde el municipalismo del siglo XXI. Pero siguen siendo muchos. Y esos retos se han convertido en desafíos para construir un país mejor, porque se hace país desde las ciudades y pueblos y porque las desigualdades son más profundas en los niveles municipales, donde nos conocemos mejor y la globalidad es conocer a tu vecino, saber cómo le va.

Naciones Unidas apuntó que, en 2018, el 55% de los más de 7.550 millones de personas que habitan nuestro planeta vivían en ciudades.  La previsión para 2030, fecha de término para la implantación de los ODS, será de 5.000 millones y para 2050 serán 6.300 millones de personas las que vivan en estas zonas.  Esa presión convierte a los enclaves urbanos en lugares donde esforzarnos en generar espacios comunes para garantizar derechos y usos sostenibles porque, actualmente, representa el 75% de las emisiones de CO2, y entre el 60% y el 80% del consumo de energía. No podemos olvidar que el 80% de los desplazamientos en transporte público o vehículo privado empiezan y terminan en una zona urbana.

Por lo tanto, ¿Cuáles son los problemas de los núcleos urbanos, de las grandes ciudades, en este primer cuarto del siglo XXI?

Más allá de los recurrentes problemas de falta de recursos económicos (el municipalismo se demuestra con financiación), que nunca se resuelven de manera definitiva, y de la estabilización de un programa de inversiones objetivo y objetivable, los problemas vienen determinados por la gentrificación, la pérdida de identificación social, el abuso del vehículo particular y de los combustibles fósiles, y la falta de convivencia en los entornos urbanos, por lo que el nuevo municipalismo de este siglo se debate, desde mi punto de vista, en hacer ciudades con las siguientes características:

·       Sostenibles y habitables. La lógica ambiental y urbana deben ir de la mano hasta el punto de que lo sostenible debe impregnar toda la acción de gobierno municipal incidiendo, sobre todo, en la adaptación al Cambio Climático y reducción/mitigación de sus efectos haciendo una correcta transición ecológica de la economía municipal, prestando especial atención a los aspectos energéticos, de movilidad y mejora de la calidad del aire. La lógica ambiental y urbana tienen la obligación de ser complementarias.

·       Hacer los espacios públicos con perspectiva de género. Todo lo que da vida a la ciudad, debe estar en la ciudad, no alejado de ella. Hacer la ciudad habitable es hacerla más amable, donde los equipamientos públicos vuelvan a ser la centralidad que condiciona entornos donde vivir mejor, que favorezcan la natalidad y el envejecimiento. Entornos públicos más seguros, bien iluminados y ajardinados para que sean flujo continúo y continuado de vecinos y vecinas buscando localizar usos de proximidad donde conciliar vida familiar y laboral, o generando usos modales de transporte más lógico e inteligente.

·       Colaborativas e integradoras. La nueva economía ciudadana debe tener en la ciudad su lugar de encuentro, sobre una base firme de espacios industriales y comerciales articulados entorno a una ciudad que apuesta por la economía circular y el conocimiento en la búsqueda constante de creación de empleo digno y de proximidad. Mayor participación en las grandes decisiones (planeamiento, presupuestos, inversiones…), recuperando el concepto de que votar no es la única manera de colaborar con la ciudad.

·       Con una planificación urbanística crítica. El urbanismo puede solucionar problemas sociales, pero también puede agravarlos. En este sentido, el denominado “nuevo urbanismo democrático” debe ocuparse, sobre todo, de la ciudad existente, haciendo de la Rehabilitación, Regeneración y Renovación Urbanas el leiv motiv sostenible de la acción de gobierno, donde no se valoren, únicamente, estándares de rentabilidad inmobiliaria. La protección a los espacios naturales y a la biodiversidad, hacer una ciudad sin barreras, disfrutable por parte de todos y todas y bien conectada gracias a una movilidad sostenible deben ser objetivos principales dentro de una concepción urbanística que contemple como prioritario no consumir suelo innecesariamente ni hacer usos excesivos del mismo.

·       Socialmente integradas. La ciudad se convierte en el espacio común para reconstruir unos derechos sociales que se han ido perdiendo en función de las diferentes crisis económicas que han provocado, interesadamente o no, políticas de austeridad y/o austericidios, exacerbando  las desigualdades de renta, de educación o de salud. La ciudad existente debe ser la base para un bienestar de proximidad, con políticas de inclusión urbanas que atisbamos en los últimos 20 años del siglo XX y que tenían como base no dejar atrás a nadie, ayudando de manera constante a los que peor lo pasan. En este sentido, dotar de vivienda pública a los vecinos y vecinas debe ser tarea fundamental, en colaboración con las Comunidades Autónomas, las competentes en esta materia; también generar redes de atención integral a la dependencia.  El objetivo es contribuir a la satisfacción de las necesidades y derechos sociales de la ciudadanía.

La aprobación de la Agenda Urbana Española (AUE) el pasado 22 de febrero por parte del gobierno socialista de Pedro Sánchez ha iniciado un interesante camino. El objetivo es “…/… marcar la estrategia y las acciones a llevar a cabo hasta 2030, para hacer de nuestros pueblos y ciudades ámbitos de convivencia amables, acogedoras, saludables y concienciadas.”. Esta agenda, en línea con la aprobada por Naciones Unidas, pone sobre la mesa los planteamientos integrados de la sostenibilidad referidos a su contenido social, económico y ambiental. Los objetivos se resumen en:
  1. 1Ordenar el territorio y hacer un uso racional del suelo, conservarlo y protegerlo.
  2. 2.    Fomentar la cohesión social y buscar la equidad.
  3. 3.    Evitar la dispersión urbana y revitalizar la ciudad existente.
  4. 4.    Impulsar y favorecer la economía urbana.
  5. 5.    Prevenir y reducir los impactos del Cambio Climático y mejorar la resiliencia.
  6. 6.    Garantizar el acceso a la vivienda.
  7. 7.    Hacer una gestión sostenible de los recursos y favorecer la economía circular.
  8. 8.    Liderar y fomentar la innovación digital.
  9. 9.    Favorecer la proximidad y la movilidad sostenible.
  10. 10. Mejorar los instrumentos de intervención y la gobernanza.



Cualquier ciudad, desde mi punto de vista, debe hacer suyos estos objetivos y así ganar el pulso a los retos que las grandes ciudades, los enclaves urbanos, nos plantean en este siglo XXI.

Porque acertar en los retos de las ciudades es asegurar el futuro de las personas, de nosotros y nosotras.

Rafael Gómez Montoya.
Diputado socialista en la Asamblea de Madrid.



[1] Apenas un centenar, el 1% del total de los 8.054 ayuntamientos de entonces y ninguna en municipios capital de provincia o mayor de 50.000 habitantes. En las elecciones de 2019 han sido un total de 1.715 en el conjunto de los 8.116 ayuntamientos, el 21´77%, 85 más que en 2015. El PSOE lidera el ranking de Alcaldesas, con un 25% del total de alcaldías que ha ganado en las urnas, le sigue C´s con el 22´65% y el PP con un 18´28% de alcaldesas; VOX no tiene ninguna alcaldesa.
[2] De los 67.505 concejales electos en total en 1979, fueron tan solo unas 2.160 las concejalas electas, el 3,2%. 






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