jueves, 26 de mayo de 2022

Acerca de la violencia sexual en conflictos armados. Entrevista en El Criptex.

 


Rafa, has sacado un libro que se titula: “La violencia sexual en conflictos armados”. Antes de introducirnos en el libro, ¿Cómo estás viviendo la guerra de Ucrania?

 

Buenas tardes, Alejandro, y muchas gracias por hacerme esta entrevista a través de tu Blog “El Criptex”. Es todo un honor para mí.

Sobre la Guerra de Putin sólo se puede sentir rabia e irritación. Recordemos que Putin lleva mucho tiempo intentando modificar las fronteras que más le interesaban a su antojo:  Transnistria (Moldavia) en 1992, Chechenia en 1995, Osetia del Sur y Abjasia  (Georgia) en 2008, Crimea en Ucrania ya en 2014, granjas de trolls de noticias falsas y ciberataques para garantizar sus intereses en el mundo… cualquier excusa era buena para extender la mano rusa más allá de la frontera política y geográfica; injerencia en estado puro poniendo en brete tras brete a la legalidad internacional, a quienes deben aplicarla y a la ciudadanía del mundo.

Sobre el pueblo ucraniano comprensión y solidaridad, mucha solidaridad. Todo el cariño posible además de toda la ayuda posible. En estos momentos, con 88 días de guerra, solo podemos desear que el loco de Putin desista de su pretensión a través de una Europa más unida que nunca ofreciendo lo mejor de nosotros mismos. En estos momentos me viene a la cabeza la frase de la escritora nicaragüense Gioconda Belli cuando dijo que la solidaridad era la ternura entre los pueblos. Apliquémoslo.

 

 

¿Tienes datos, como si se ve en el libro, sobre la violencia sexual en Ucrania?

 

El libro es una adaptación de la Tesis Doctoral que defendí en la Universidad Carlos III el 8 de octubre de 2021 por lo que no tiene datos sobre la Guerra de Putin y su invasión en Ucrania. Pero desafortunadamente, el patrón se repite. Naciones Unidas tiene localizados 11 escenarios donde la violencia sexual en conflictos armados es hoy una realidad; y mantiene vigilados otros 8 territorios donde ha existido, entre ellos Bosnia i Herzegovina. La violencia sexual en conflictos armados es un arma de guerra ilegal, fuera del control de la legalidad internacional y que debe ser erradicada cuanto antes.

Por lo que hemos leído durante estos días, sabemos que la fiscal general de Ucrania, Iryna Venediktova, ha localizado 6.000 lugares donde el ejército de Putin ha cometido, por sistema, crímenes de guerra, es decir, violaciones del derecho humanitario que no pueden quedar impunes. Afortunadamente la oficina del fiscal de la Corte Penal Internacional o Eurojust también están investigando. También hemos leído, indignados, como la diputada ucraniana María Mezentseva acusaba a los soldados de Putin de la comisión de violaciones y agresiones sexuales contra mujeres. La propia Mezentseva contaba en Sky News como en Brovary, un barrio del este de Kiev, una mujer fue violada varias veces delante de su hijo; este ataque también lo está investigando la fiscal general ucraniana. Mezentseva ha llevado al parlamento muchos más casos. Estas prácticas deleznables e ilegales de los soldados de Putin ya fueron alertadas por otra diputada, Lesia Vasylenko.

Y hemos podido leer recientemente que crecen, a diario, las denuncias de las violaciones de mujeres en suelo ucraniano dentro de esta guerra. También Amnistía Internacional está documentando casos y Naciones Unidas actúa como observador, aunque, creo, podría hacer más. He podido leer también recientemente que dentro del material que está enviando al gobierno ucraniano aparecen, también, kits anti-violación para ayudar a las mujeres ucranianas.

 

¿Qué te llevó a investigar sobre este tema y a escribir sobre el libro?

 

Fue en 2018 cuando estaba cursando el máster en Paz, Seguridad y Defensa en el Instituto Gutiérrez Mellado de la UNED. En una de las clases se habló de estas gravísimas prácticas en las guerras actuales y me pareció tan interesante que realice mi trabajo fin de máster sobre esta materia. Una vez concluido el master y matriculado en el doctorado tenía muy claro que quería profundizar más en una materia donde había mucho publicado, pero no con una orientación generalista. Por supuesto no podía faltar la visión criminológica y el libro ofrece una perspectiva de las guerras actuales y de la violencia sexual en conflictos armados desde los postulados de la criminología clásica y actual.

 

Casi la totalidad de la violencia sexual en los conflictos armados los producen hombres, ¿Por qué crees que en una gran mayoría los hombres ejercen más violencia sexual que las mujeres?

 

Sabemos que la violencia sexual en general y en los conflictos armados en particular, tiene a la mujer como objetivo porque su ejercicio no deja de ser una estrategia bélica para desestabilizar, amenazar y dominar a toda una comunidad, ya sean desplazados, refugiados o población civil; se trata de la destrucción moral y política del enemigo, entendido este como un colectivo al que hay que someter a toda costa. Es decir, que la violencia sexual en los conflictos armados es un paso más de la violencia sexual que las mujeres sufren hoy día en lugares y tiempos de paz. Hablo de una evolución lógica únicamente para definir desde la perspectiva de la dominación enfermiza masculina el uso del cuerpo de la mujer como la extensión del escenario del conflicto. Si el género ha sido (y es aún) una relación de poder estructural entre hombres y mujeres a través del patriarcado podemos afirmar que la masculinidad hegemónica ha sido sistémica durante muchos siglos de nuestra historia, y hoy día lo seguiría siendo en lugares donde la economía forma parte de una política militarizada, con grandes episodios violentos donde se somete a la población civil como estrategia bélica, basada en el control de los recursos naturales, tal y como ocurre en muchos países de África y buena parte del mundo.

 

¿Cuál crees que sería una solución para radicar este tipo de violencia?

 

Legalidad internacional, derechos humanos y justicia universal, esas son las soluciones. Necesitamos estructuras judiciales válidas para todo el orbe, y ya sabemos que la competencia de la Corte Penal Internacional no ha sido ratifica por numerosos países, entre ellos Estados Unidos, China, India, Pakistán, Turquía, Israel o Rusia. En un mundo globalizado no podemos consentir que sigan existiendo países donde la vulneración de los Derechos Humanos sea habitual.

 

Hace poco entrevisté a Moussa, un refugiado sirio que trabaja en España como periodista. Una de sus reivindicaciones fue que las administraciones fueran más acogedoras para los refugiados.

¿Estás de acuerdo con las palabras de Moussa?

 

Completamente de acuerdo. En 2021 fueron más de 84 millones los refugiados totales en el mundo. Y en estos días de 2022 se han sumado los 12 millones de ucranianos y ucranianas que han tenido que salir de su tierra. Pero los países no pueden ir al albur de lo que buenamente puedan hacer. Se necesitan organismos supranacionales que supervisen y pongan de acuerdo a los territorios. En ese afán yo sigo viendo a la Unión Europea teniendo una nueva oportunidad para dejar de ser el enano político que es poniendo en valor unos principios constitucionales que nos unan en un modo de vida regido por el respeto a los Derechos Fundamentales; una Europa social y democrática, donde el único sometimiento sea al imperio de la Ley. Una Europa de la ciudadanía, una Unión de ciudadanos y ciudadanas, una Europa más amplia, con paz, segura y sin guerras. Ahora que el multilateralismo está en crisis, la Unión Europea debe ejercer influencia sobre cómo se debe ejercer la ciudadanía en el mundo, exportando un modelo político basado en la democracia y los derechos humanos constitucionalizados.

 

 

 

Rafa, tienes una labor como parlamentario en la Asamblea de Madrid. ¿Se está atendiendo bien desde la Comunidad de Madrid a las necesidades de los refugiados?

 

Hasta mayo del año pasado, cuando dejé de ser diputado socialista en la Asamblea de Madrid, no se estaban haciendo bien las cosas por el gobierno regional de Díaz Ayuso. En un constante guiño a la ultraderecha, el PP de Isabel Díaz Ayuso tiene serias contradicciones que le alejan de los consensos sociales no ya de los partidos de la izquierda, sino de la ciudadanía. Estos años de pandemia nos han enseñado que necesitamos Estado, administraciones públicas fuertes para poder soportar crisis como la del COVID-19. Y desde luego, por las noticias que sobre comisiones dinerarias han cobrado unos y otros, el gobierno de Díaz Ayuso no ha estado a la altura mirando para otro lado constantemente, dejando a la ciudadanía a un albur liberal que solo beneficia a los que tienen más recursos económicos. Cuando nos dicen que el dinero de los impuestos están mejor en los bolsillos de los madrileños y madrileñas nos quieren volver a engañar ya que sin impuestos no hay servicios públicos y sin ellos, los que menos tenemos, salimos perjudicados.

 

 

¿Cómo valoras la política de inmigración de la Comunidad de Madrid?

 

La región, por mor de las políticas ultraliberales de los últimos 25 años, está perdiendo muchas de las oportunidades que ofrece la llegada de nuevos madrileños a la Comunidad de Madrid. Lo decía hace un momento, y es que el afán de permanecer en el poder hace que planteamientos fascistas sean aceptados como parte del programa de gobierno. Una sociedad diversa genera riqueza en todas las dimensiones de la realidad social. En el informe que el Consejo Económico y Social hizo sobre este asunto en 2019 se dice alto y claro qué parte de la gobernanza se debe trabajar para disponer de una región acogedora y receptora. Así, el empleo, la condición de vida de los inmigrantes y su situación económica, la protección social, la sanidad, los servicios sociales o la atención a la dependencia, la vivienda o el sistema educativo son fundamentales para tener una integración plena, pero hoy día, sanidad, educación, vivienda, dependencia, empleo no están siendo garantizadas para ningún colectivo vulnerable en la Comunidad de Madrid. No debemos olvidar que en la región existen más de 1,4 millones de personas que están en riesgo de pobreza y/o exclusión social. ¡Ojo con esta cifra! Es el resultado de tantos años de gobiernos de la derecha en la región adelgazando la administración perjudicando la sanidad, la educación, la dependencia o nuestro medio ambiente, entre otras cosas.

 

Últimamente fluyen muchos mensajes con mucha falta de respeto hacia los inmigrantes. Y lo peor es que se está asentando este discurso de rechazo. ¿Qué se debe de hacer para no dejarse llevar po ese discurso?

 

Un gran acuerdo por el respeto, por la multiculturalidad, por la convivencia ciudadana. Alejar del debate político esta cuestión que afecta tan de lleno a las personas. Desafortunadamente hay partidos ultraderechistas que se aprovechan de la debilidad de unos para cargar contra otros. Espero que los ciudadanos libremente decidan apartar a aquellos y aquellas que generan confrontación al exclusivo objeto de su éxito político. Ahora son tiempos de tener a los y las mejores al frente de la administración, sea cual sea el ámbito territorial.

 

Finalmente, ¿Dónde podemos encontrar tu libro?

 

Podemos encontrarlo en Dykinson, y se puede adquirir desde su página web, de la que os dejo el enlace.

 

https://www.dykinson.com/libros/la-violencia-sexual-en-conflictos-armados/9788411222006/

 

Una vez más, muchas gracias, Alejandro.


Podéis acceder a la entrevista en pinchando en este enlace.


lunes, 9 de mayo de 2022

La violencia sexual en conflictos ARMADOS.

Resumen del libro LA VIOLENCIA SEXUAL EN CONFLICTOS ARMADOS.

Un arma de guerra fuera del control de la legalidad internacional.



Desde el fin de la Guerra Fría, los conflictos armados, las guerras, ya no son iguales. En nuestros días la mayor parte de ellas son civiles, dentro de un mismo estado, en contextos muy inestables y con trágicas consecuencias humanas. Las formas incluyen métodos donde la violación masiva de los Derechos Humanos es habitual, donde se recluta a niños y adolescentes, donde el miedo y el terror son estrategias en un concepto asimétrico de conflicto profundamente violento e ideologizado por razón de etnia, credo o control económico.

A nuestros efectos definimos violencia sexual en conflicto a partir de la resolución S/RES/1820, de 19 de junio 2008, aprobada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en su sesión número 5916. En este sentido hablamos de una violencia con rasgos diferenciadores, distinta de cualquiera de las agresiones sexuales que se observan en zonas que no están sometidas a conflictos armados y que son calificadas como delitos contra la libertad sexual. Por recordar lo que nos dice dicha resolución, hacemos hincapié en la violencia sexual que, en conflicto, se emplea como táctica de guerra con el objeto de atacar a civiles, de manera deliberada, o como parte de una estrategia de ataque sistemático, generalizado y metódico. Porque atacar a mujeres y niñas no sólo genera miedo en la población civil, sino que puede llevar a destruir varias generaciones del supuesto enemigo, generalmente de una etnia contraria a la de los atacantes, lastrando el futuro de los pueblos de manera genocida. Y es que la violencia sexual es una de las herramientas clave en el ejercicio de dominación que una facción pretende imponer sobre la otra, desintegrando el tejido social que sostiene a una cultura determinada. Estas violaciones sistemáticas, deliberadas, masivas, estas campañas de terror se llevan a cabo de diferentes maneras además de la violación, estando presente en estos escenarios bélicos la esclavitud sexual, el embarazo forzado, el matrimonio forzado, la mutilación, el canibalismo, la violación de mujeres embarazadas o ancianas, el incesto o la obligación de forzar relaciones sexuales entre familiares o con menores.

Es en este contexto donde surge la violencia sexual en los conflictos armados. Y somos conscientes de ello porque, además de suceder, son sus víctimas las que hoy nos lo narran en esta era globalizada. Nos referimos a los testigos que la sufrieron, y contaron, en primera persona, primero en la guerra de los Balcanes (1991) y después en Ruanda (1994). En ambos conflictos armados, en contextos de guerra civil, la violación sistemática fue utilizada como estrategia bélica, organizada y orquestada con fines tácticos, en muchos casos también como limpieza étnica, sobre todo desde los años noventa del siglo pasado. La impunidad con que se realizaban estas prácticas obligó a la comunidad internacional a reaccionar. Así, tanto el Secretario General, como el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de Naciones Unidas redactan informes, analizan la situación en aquellos lugares donde ocurre y proponen medidas de prevención, de seguimiento y vigilancia de estas nuevas formas bélicas, además de sanciones a los que las perpetran. Incluso el Tribunal Penal Internacional juzga y condena las prácticas en los conflictos de la ex Yugoslavia y Ruanda. Pero hoy, veinte años después de la Sentencia Akayesu y otros tantos años después de la histórica resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, estas prácticas se siguen sucediendo. En más de veinte países, bien por el conflicto armado, bien por estrategia de terror de la delincuencia transnacional, se siguen produciendo violaciones sistemáticas utilizadas contra la población civil como arma de guerra.

En cuanto al estudio de caso, nos hemos detenido en uno de actualidad: el conocido como Yihad sexual en el autodenominado Estado Islámico (EI), o DAESH. Es éste un sistema de captación y radicalización de mujeres de cualquier parte del mundo por parte de los insurgentes; también un reclamo de miles de mujeres al servicio de los yihadistas en el Estado Islámico.

Desafortunadamente es de actualidad tanto el genocidio del pueblo yazidí como el uso de esclavas sexuales por parte del autodenominado Estado Islámico, así como el fenómeno Muhajirah, como se denomina en árabe a la mujer migrante que ha resultado de gran ayuda tanto para el incremento del número de insurgentes como para dotar de cierta reputación, sobre todo en la Umma, al autodenominado Estado Islámico.

Un gran número de testimonios de mujeres que fueron voluntariamente al DAESH relatan que resultaron engañadas y que se convirtieron en meros objetos sexuales de los insurgentes, por lo que tendríamos una nueva versión del uso que del sexo se hace en un conflicto armado como el que desarrolla el DAESH en Irak y Siria, aunque no sea, stricto sensu, el objeto del presente estudio.

Además se hace un estudio pormenorizado con respecto del interés científico que la Criminología y la Victimología tienen en los conflictos armados y sus consecuencias. Así la violencia sexual en conflictos armados es analizada desde las principales teorías criminológicas y victimológicas de la historia, llegando a la conclusión de que la Criminología del siglo XXI debe ser la de los Derechos Humanos y ocuparse, entre otros, de este importantísimo y dramático asunto.

Lejos de su solución, esta práctica se generaliza en los conflictos armados y se interrelaciona, de manera preocupante, con la trata de seres humanos, el terrorismo y la delincuencia transnacional, ante la perplejidad de una comunidad internacional que va muy por detrás de los acontecimientos.

El libro se puede adquirir en DYKINSON a través de este enlace




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